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"Yo quiero cambiar el mundo"... esa era la motivación más grande en mis años juveniles. Que en el mundo no existiera hambre, no hubiera muerte ni tristeza, que la gente se amara y todos pudieramos viajar, tener buena comida, estudiar... tener una buena casa... qué sé yo... tantas cosas... la salud.
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Es interesante constatar que en aquel tiempo fuí educado por unos buenos padres que me enseñaron a soñar, pero también me indicaron que el camino para lograr esto era la constancia, el trabajo, la responsabilidad, el esfuerzo diario, la transparencia ante la verdad.
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Probablemente no he cambiado el mundo... pero lo he intentado.... empecé por mí y voy haciendo camino para otros, que lo harán por ti.
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Me preocupa, sin embargo, que los jóvenes hoy no quieran cambiar el mundo, con esta mentalidad narcotraficante que te propone el dinero fácil, sin esfuerzo, estudio, valores...
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Los adultos de hoy, jóvenes de ayer, ancianos de mañana, deberíamos intentar cambiar el mundo empezando por sembrar la semilla de las grandes causas en nuestra juventud.
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Cómo sería si aún todos quisieramos un mundo mejor... a lo mejor, tendríamos un serio problema: CAMBIARIA EL MUNDO.
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